dialoga en Lima y en Loreto

Geopolítica de los Muertos Vivientes (parte I)

La invasión comenzó el siglo XIV.

Publicado: 2013-10-15

Slavoj Zizek decía hace un par de años que era muy fácil imaginar el fin del mundo, pero imposible imaginar el fin del Capitalismo. La enorme cantidad de películas de corte “escatológico” que ha venido apareciendo en los últimos años es un reflejo de ello. Ya sea porque desde los inicios de nuestra era “D.C.” se viene anunciando lo mismo, o por la existencia de una industria dedicada a explotar los temores y regocijos propios de la cercanía del fin; esta tendencia sería propia de un sector de la Humanidad que comparte una visión lineal del tiempo y de la Historia, la cual debe tener un inicio y un fin (por ejemplo, las tradiciones judeo-cristiana e islámica). La recurrencia de este tipo de cine sería una consecuencia más de ello.


Sin embargo, ya sea por fracturas étnicas, colapsos económicos, guerras nucleares, destrucción ecológica o simplemente como consecuencia de nuestra posición en el cosmos, el cine del fin del mundo ha reflejado plenamente la paradoja planteada por Zizek (basta con mencionar películas como Día de la Independencia, La Guerra de los Mundos, Señales del Futuro, El Día Después de Mañana, 2012, y otras). Incluso en escenarios pre-apocalípticos del tipo Mad Max o Elysium, las relaciones básicas de producción y consumo siguen siendo estables a pesar de tomar nuevas formas, y de hecho, los escenarios políticos planteados por ambas películas serían consecuencia de estas relaciones económicas. Si tomamos como punto de referencia a la sociedad estadounidense, veremos que ambos aspectos (fin del mundo y capitalismo de consumo) son plenamente compatibles. Hay que añadir que según David Wong, el 60% de los estadounidenses cree que Jesucristo descenderá de los cielos con sus ángeles para exterminar a la Humanidad, mientras que el 40% cree que eso sucederá en las próximas décadas. Esto ya no es sólo una cuestión de simples creencias; sino que tiene también un impacto político concreto: Dado que el fin está cerca, no tiene sentido preocuparse por cosas como el medio ambiente, la pobreza, la desigualdad o la preservación de los recursos naturales. Al contrario, la consigna aquí sería “encomendémonos y consumamos más y más rápido porque el mundo ya se acaba”. La “esperanza” de un fin próximo aceita la maquinaria hedonista y viceversa. Como dato curioso, Zizek hace notar en otra entrevista que el budismo es la religión practicada por más de la mitad de los hombres de negocios de los Estados Unidos.

Es en este contexto donde debemos ubicar la temática zombie. Si bien se la suele reconocer como un subconjunto de la industria del fin del mundo, ésta aún no termina de ser racionalizada por la opinión pública estadounidense de la misma forma en que lo fue la idea de un posible holocausto nuclear producto de una guerra con la Unión Soviética, o la necesidad (planteada por Ronald Reagan en su célebre discurso en la ONU) de militarizar el espacio para protegernos de amenazas externas a nuestro planeta. Sin embargo, ya empiezan a surgir algunos avances: Desde inicios del año 2011, el CDC (Center for Disease Control), un órgano adjunto del Gobierno Federal de los Estados Unidos, viene publicando información con consejos prácticos para sobrevivir a un hipotético apocalipsis zombie; además que el tema ya es debatido en espacios como la Universidad de Harvard y el Parlamento Canadiense.



Para quienes no entiendan dónde radica la seriedad del tema, debemos señalar que el escenario de zombie outbreak/survival horror es sólo una hipótesis de trabajo; es decir, una concatenación de presunciones y consecuencias derivadas de un acontecimiento capaz de traer abajo los cimientos sobre los cuales se basan las normas de convivencia más elementales entre los seres humanos. Ese acontecimiento puede tomar distintas formas: una pandemia de gripe H1N1, un desastre natural o una guerra devastadora. Bajo dicha hipótesis se establecen los escenarios posibles, sus consecuencias y planes de acción a futuro. Ciertamente, aún nuestro mundo no ha sido invadido por un ejército imparable de monstruos hambrientos de carne humana, pero ya alguna vez pasamos por algo parecido: La Peste Negra del siglo XIV, la peor pandemia de la Historia de la Humanidad.



La Peste Negra fue consecuencia de la llamada “primera globalización arcaica” (el término es de Jeremy Adelman, historiador de la Univ. De Princeton) creada en torno a la Ruta de la Seda que crearon los comerciantes budistas y árabes para conectar a China con Oriente Medio y África en una cadena de distribución terrestre y marítima de joyas, telas, especias y bienes de lujo para aquellos quienes podían pagarlos. Dado que alrededor del año 1300 la mayor parte de la Humanidad vivía en el campo bajo un régimen agrario de subsistencia, la Ruta de la Seda incentivó la producción de bienes no agrarios destinados a las ciudades para así poder mantenerlas funcionando. La creciente interdependencia entre las necesidades del campo y la ciudad, así como el flujo constante de barcos y caravanas que permitieron el intercambio entre individuos de diferentes pueblos, lenguas y tradiciones; generaron también las condiciones de insalubridad y hacinamiento que iniciaron la peste.



El T-Virus de la época fue la bacteria yersinia pestis, transmitida por las pulgas de las ratas que asolaban los centros de acumulación de alimentos, como casas, graneros y molinos. Del contagio de animales a humanos se pasó al contagio entre humanos a través de la contaminación del aire por respiración o al contacto con la piel. Ni las enormes distancias ni la lentitud de las vías de comunicación disponibles en la época pudieron evitar la diseminación global de la enfermedad; que fue interpretada por la gente como un castigo divino por sus pecados.  

La peste no pudo ser derrotada sino hasta varios siglos después; tanto reyes como mendigos tuvieron que resignarse a vivir con ella hasta el siglo XVIII, aunque su mayor pico se produjo entre los años 1333 y 1369 (eliminando a un tercio de la población humana de un total de alrededor 300 millones de personas). Al final, no fue sino hasta fines del siglo XIX en que los nuevos avances científicos (como el desarrollo de hábitos de higiene y la invención de antibióticos como la penicilina) permitieron controlar y contrarrestar definitivamente esta enfermedad (1).



Vemos entonces que la Peste Negra se ajusta a una definición de acontecimiento análoga a una invasión zombie de alcance global. La Historia no necesariamente sigue una pendiente de progreso ascendente, sino que también tiene sus retrocesos, y estos pueden ser realmente graves. Hechos como éste (a lo que podríamos agregar la expansión y crisis del Imperio Mongol) no sólo diezmaron una buena parte de la población mundial (que tardaría siglos en regresar a los niveles previos); sino que también cambiaron los vectores del comercio y la política mundiales. De lo que pudieron ser las raíces para la creación un futuro orden cosmopolita basado en el comercio de mercancías, el aumento de la producción y la mano de obra; se pasó a un enorme espacio cerrado en áreas locales, bastante más despoblado y mucho menos accesible al intercambio con otros pueblos. Antes de la Peste Negra los líderes políticos no se preocupaban mucho por la etnia, religión o cultura de sus gobernados (en su mayoría políglotas de distintas culturas); y ahora a causa de ésta, las identidades étnicas tendieron a fortalecerse en clave excluyente. En ese sentido, el Imperio Otomano representa un cambio importante en la forma como la economía y la política se habían venido organizando durante el siglo XIV; llenando el vacío de poder dejado por la caída de un Imperio con vocaciones globalistas como el Mongol. Y como ya sabemos desde el colegio, el bloqueo otomano a las rutas de comercio en Asia fue una de las causas que llevó a los pueblos cristianos de Europa a iniciar las exploraciones atlánticas que llevarían al descubrimiento de América.



Para concluir esta parte, algunas preguntas pendientes: ¿Qué nuevas formas podría tomar el mundo luego de una pandemia zombie de alcances globales? ¿Podría el actual sistema internacional controlarla? ¿A qué precio? ¿Los Estados seguirían manteniendo su legitimidad? ¿Y el Estado Peruano? (2) ¿Sería un problema sencillo de resolver o nos haría retroceder hacia una nueva Edad Media? ¿Se parecería al mundo de Guerra Mundial Z o sería un fenómeno controlado como al inicio de 28 Weeks Later?  

Por ahora lo dejamos ahí...




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(1): Ninguna de las pandemias del siglo XX (Gripe Española de 1918, Gripe Asiática de 1957, Gripe de Hong Kong de 1968) ha sido proporcionalmente tan destructiva ni tuvo los alcances globales que sí tuvo la Peste Negra del siglo XIV. Al respecto, esta infografía del Diario El Mundo.

(2): A pesar de la escasa cobertura informativa que ha recibido, la tuberculosis es nuestro verdadero flagelo zombie. Las más de 300,000 personas que sufren alguna variante de esta enfermedad en el Perú, así como el surgimiento de nuevas cepas extremadamente resistentes a los medicamentos, son para preocuparse en serio.



Escrito por

Anthony Medina R.

Politólogo, 28 años, docente universitario e investigador en temas de Relaciones Internacionales Latinoamericanas. Blog misceláneo.


Publicado en

MOCHILERO

Política, Mundo, Sociedad y Cultura Pop en el Perú