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Fuente: revista ideele

Historia de Dos Ciudades (Universitarias)

La UNMSM y la PUCP en perspectiva comparada

(*) Revista IDEELE Nº 199, 10/Feb/10

Por: Anthony Medina, Alejandra Cueto y Nancy Vidal

Publicado: 2013-06-04

De tiempo en tiempo el movimiento universitario hace una morisqueta de activismo para luego continuar con la letanía. Los dirigentes estudiantiles (existen, no es broma) no dejan de quejarse de la abulia de sus representados, y éstos, a su vez, sienten que no están representados, sin que tampoco les quite el sueño la misma representación.

Recogimos testimonios de primera mano de dos de las universidades más significativas del país —la Universidad Católica (PUCP) y la Universidad de San Marcos (UNMSM)— acerca de cómo se desenvuelve la actual movida política universitaria.


Católica: La minitancia estudiantil (Alejandra Cueto, Nancy Vidal)

Las elecciones en la PUCP no suelen pasar desapercibidas. La movida de los grupos estudiantiles es intensa. Los contrincantes se sirven de pancartas, polos, volantes, discursos, debates y hasta arroz con leche para poder convencer a los estudiantes de la importancia de los problemas que atañen a la universidad, y de la necesidad de la participación política activa. Las propuestas varían desde un discurso del representante estudiantil que ya tiene definida una posición política a escala nacional, hasta la solución de los problemas más directos de los estudiantes, como infraestructura, aumento de las boletas de pago, bibliotecas y cafeterías.

Pero a veces la batalla por el corazón del estudiantado se puede chocar de cara con una gélida indiferencia. No eres tú, soy yo, parecen decirles los disputados electores a los afanosos aspirantes a la representación estudiantil. Cual joven en tiempo febril interesada en otros galanes.

La parafernalia que se arma en época electoral se parece a una fiesta en la que hay de todo —equipo de sonido, comida, luces, bocaditos, orquesta y hasta invitados— pero los invitados no quieren bailar. Ése es el drama de la representación estudiantil desde hace ya varios años.

En las postrimerías del régimen de Fujimori se insinuó un cambio. De pronto, legiones de estudiantes parecían nuevamente comprometidas con el destino del país. Pero la mecha del entusiasmo se humedeció pronto.

Los 2000 han seguido significando años de despolitización estudiantil y una ausencia de verdadera participación universitaria. Los movimientos estudiantiles que podemos encontrar hoy en la PUCP son Acción Crítica, Coherencia Universitaria, Frente de Izquierda Universitario (FIU), Unión Estudiantil (UNES) y Punto Aparte. Dentro de ellos, algunos de los integrantes militan en partidos políticos nacionales. Está también el Comando Universitario Aprista (CUA), el único grupo político universitario que es parte oficial de un partido nacional. Sin embargo, es el grupo de menor resonancia en el campus.

En la PUCP existen diferentes órganos de representación estudiantil, y los hay en todos los niveles. Los delegados son 26 alumnos que forman parte de la Asamblea Universitaria (REA), encargada de tomar las decisiones más importantes de la Universidad. Además, cada facultad cuenta con un Tercio Estudiantil en el que participan 4 estudiantes elegidos por los mismos alumnos y que se reúnen con las autoridades de esa facultad para llevar a cabo proyectos para la mejora de ese mismo ámbito.

En cuanto a los organismos propiamente estudiantiles, la Federación de Estudiantes de la PUCP (FEPUC) es su gremio general, y la mayoría de las facultades cuenta a su vez con un Centro Federado. A diferencia de los REA o del Tercio Estudiantil, los miembros de la FEPUC y de los Centros Federados no tienen la capacidad de tomar decisiones oficiales, pero representan la opinión de los universitarios organizándolos e informándolos.

Alberto de Belaunde, quien lideró hace unos años la extinta CUI, de inusual pero corto éxito entre el estudiantado, opina: “Los puestos de representación estudiantil están ocupados por alumnos que ya formaban previamente un movimiento organizado y no por personalidades independientes”. Es así que los estudiantes identifican a sus representantes no solo por su nombre, sino también por el grupo al que pertenecen.

En las últimas elecciones para la FEPUC se presentaron dos grupos, Acción Universitaria y Coherencia Universitaria, que ganó con 2.779 votos sobre un total de 4.327 votos válidos, cantidad esta última bastante superior a la registrada en procesos anteriores.

Aun así, no hay una gran participación estudiantil. La Universidad tiene algo más de 6 mil estudiantes, y apenas un promedio de 150 son miembros de algunos de los grupos ya mencionados. Incluso se podría afirmar que la participación e interés de los demás alumnos para con sus representantes se limita a las rondas electorales. Este problema no atañe solo a la falta de capacidad de convocatoria de estos movimientos, sino también a una carencia de identificación como colectivo universitario, debido a que no tenemos problemas tan críticos como los que hubo en las décadas de 1970 y 1980; y, si los hubiesen, no movilizan a los estudiantes. Además, las aspiraciones y los ideales de los estudiantes son diversos y se reducen al actual contexto.

Cambia, todo cambia…

El concepto de universidad, evidentemente, ha cambiado. Los alumnos la conciben como un lugar que puede asegurar no solo el éxito, sino también prestigio social y una nueva condición socioeconómica. La universidad provee un título y asegura cierto nivel académico que permitiría obtener un puesto de trabajo bien remunerado y gozar de un bienestar meramente material. Es, en suma, una vía de acceso al ideal de éxito. En este contexto, ¿cuál es el sentido de la representación estudiantil? ¿Es verdad que a los estudiantes no les interesa la política?

“Es falso que los jóvenes no participan en asuntos públicos. ¿Acaso los adultos participan más? Se ha creado una imagen perversa de lo que es la juventud. La forma de participación de los jóvenes ha variado: obviamente, no se discuten los mismos temas que en los setentas, pero sí otros. Además, los partidos políticos y los sindicatos son autoritaristas y mantienen relaciones verticales; es más sano que los jóvenes no participen directamente en partidos políticos”, dice el sociólogo Luis Fernán Cisneros, especialista en temas de juventud.

La forma de participación de los estudiantes en la política universitaria ya no es igual que en los decenios de 1970 y 1980. Aunque se puede encontrar bastante optimismo entre los dirigentes estudiantiles, existe un desfase muy marcado entre los representantes y los representados.

Sin embargo, decir que a los estudiantes no les interesa la participación social o política sería muy injusto. Los jóvenes universitarios sí participan, lo que se traduce, por ejemplo, en el éxito de Un Techo para mi País, Minkando o la marcha por Bagua. Muchos participan en actividades de servicio social, tienen opinión respecto de los problemas de la universidad y del país. Sin embargo, ser universitario no es una marca distintiva más allá de la posibilidad de obtener una carrera profesional.

Además, estamos en una época en la que la política se encuentra totalmente desprestigiada. La política no se entiende como un medio que contribuye a realizar cambios dentro y fuera de la universidad. Todos los ejemplos de personas relacionadas con el gobierno y la política se encuentran marcados por un imaginario corrupto que utiliza el Estado con fines personales. De igual manera, se puede interpretar que aquellos que participan en política estudiantil postulándose a los diferentes cargos lo hacen solo para mejorar su currículo y presentarse en un futuro a universidades extranjeras. El amplio desprestigio y rechazo a la política es una realidad.

“Hay un gran desprestigio de la política debido a que la política del país no tiene buenos ejemplos. Todo el tiempo vemos escándalos de corrupción que no nos hacen creer en ella como una vía para lograr algún cambio por el país”, comenta un alumno de la PUCP.

Es importante que los representantes estudiantiles comprendan que el país cambió y que, por lo tanto, las formas de hacer y concebir la política también deberían cambiar con él. Asumir el reto de devolverle a la política y a la universidad la importancia y trascendencia que se merece en un contexto de individualismo fuerte es esencial pero dificil.

Si bien los jóvenes de hoy no tienen el entusiasmo y la sed de cambio y participación de los setenteros y ochentenos, son más democráticos y realistas y tienen una visión de pluralidad, lo que permite una mayor tolerancia y diversidad de intereses, gustos, compromiso, ideales, etcétera. Y quizá en comparación a tiempos precedentes, la ausencia de dogmas políticos, religiosos y sociales nos permite tener una visión mucho más amplia de la realidad.

Los nuevos medios de comunicación, como el Facebook y los blogs, así como el acceso más amplio y plural a la información a través de la Internet, otorgan a esta generación la posibilidad de crear nuevos canales de expresión, comunicación y participación. Todo ello debe ser aprovechado por los grupos políticos universitarios.

“La generación actual es una generación de nativos digitales, personas completamente globalizadas y más flexibles”, dice Luis Fernán Cisneros.

Sea cual fuere la forma como se desarrollen las actividades políticas dentro de la universidad, si no se replantean los conceptos de la representación estudiantil será complicado acortar las distancias entre representantes y representados.

¿Es la universidad solo una empresa que nos brinda servicios educativos? ¿La función de la política estudiantil debe restringirse solo a los problemas específicos de la universidad? ¿Están en la obligación los grupos políticos universitarios de tener un ideal definido? ¿Tenemos algo que decir y aportar como gremio estudiantil a la realidad nacional? 

La reciente marcha en respaldo a los nativos de Bagua nos hace pensar nuevamente en un estudiantado que relaciona la realización personal con el destino del país. Aunque el país y sus representantes oficiales, con sus abruptos y exabruptos, insistan en desanimar cualquier vestigio de buena intención.


La sanmarquinidad nuestra de cada día (Tony Medina)

“La universidad pública es un espacio de estructuras premodernas en el que se reproducen todos los vicios y taras que caracterizan al Estado” —nos comenta uno de los alumnos de la carrera de Ciencia Política de la UNMSM que demostró tener inquietudes propias de cualquier joven, pero con un plus que les da una Universidad en la que la política se respira apenas se ingresa en ella.

La respuesta de los jóvenes de esta Universidad a nuestra primera pregunta fue unánime: “—¿Qué te inspira la política de la Universidad de San Marcos? —En principio, indiferencia”.

“Lo que pasa es que San Marcos es un reflejo a escala de la realidad de la gestión pública del Estado” —señala Diego Salazar, de 18 años recién cumplidos. “Vemos los mismos grupos de presión y culturas organizativas que anulan toda posible innovación política. Por un lado existen grupos que denuncian el amarillismo, pero por otro lado lo fomentan con estrategias políticas que solo apuntan a atacar y desacreditar sin ningún escrúpulo a estudiantes y profesores.” “Hay plata de por medio” —dice Leo Alcántara, del primer año—; “si no, no aguantarían tantos ataques de bandos opuestos y no harían tanta cosa.” “Las mismas autoridades fomentan eso” —anota Jimmy Huaccho, de 22 años—, “ya que muchas veces Consejos de Facultad o profesores específicos financian campañas de tercios con los cuales intercambian favores, como cargos administrativos que les permiten acceder a planillas doradas, o simplemente espacios a partir de los cuales pueden hacer contactos.”

“Si tú quieres cambiar el sistema desde dentro, no puedes” —dice Raúl Castillo, de 24 años. “Es ahí donde se ha perdido mucha gente honesta que decidió entrar con el verdadero interés de hacer algo bueno por su Universidad.”

“Ellos te terminan absorbiendo porque son mayoría; además son buena gente, son tíos criollones y campechanos que te ofrecen buenas chambas, becas y esas cosas. Los tercios se corrompen muy fácilmente, porque ellos quieren escalar y ya. Ése es su único objetivo y por ello son capaces de aguantar todos los insultos y denuncias que les caigan. En el caso del Centro Federado casi no les interesa, no votan” —dice Rogelio Huamaní, del quinto año.

“En la Facultad de Derecho el movimiento estudiantil se halla fraccionado y muchas de sus reivindicaciones tienen más de excusas que de propuestas. Grupos grandes como Integración Estudiantil y el FER, que tenían presencia interfacultades, se fueron fragmentando por esa tendencia tan propia de los marxistas peruanos de dividirse por cuestiones discursivas” —anota Diego Ayala, de 18 años y estudiante de segundo año. “Es el típico juego de repartija de cargos políticos” —señala Víctor Gutiérrez, cachimbo de Derecho; “y ése es un efecto cascada que viene desde arriba, comenzando por Luis Izquierdo Vásquez, que es el peor rector que ha tenido nuestra Universidad, el que ha negociado la construcción de un by-pass a cambio de nada, excepto, claro, la condonación de las deudas tributarias con la Municipalidad”.

Finalmente, todos coinciden: “No les interesamos. Para ellos solo somos ganado que importa una o dos veces al año, cuando hay elecciones”.

En eso surge la pregunta de fondo: ¿Y la gente honesta? Nuevamente, todos coinciden en el diagnóstico: —“Son la gran mayoría. El problema es que ven todas estas cosas y no quieren participar dentro del juego electoral”. —“Pero nosotros queremos ser politólogos y no podemos mantenernos al margen de la política, tanto de la sanmarquina como de la peruana en general”.

“Hay mucha gente que está haciendo cosas tanto dentro como fuera de la Universidad” —dicen los estudiantes con mayor optimismo. —“Claro, la gente hace un montón de cosas: eventos académicos, talleres, trabajo con organizaciones sociales y diversos espacios donde se pueden hacer cosas que la Universidad no permite por sus absurdos juegos de poder y su falta de proyección social”.

Los diferentes grupos que existen actualmente son minoritarios y muchos de ellos adolecen de los problemas ya mencionados. Pero cinco alumnos organizados tienen más peso político que mil desorganizados. La desorganización y la indiferencia son los principales factores que explican que los problemas mencionados por los alumnos se perpetúen en el tiempo. Y se perpetúan porque los movimientos políticos estudiantiles más importantes han desviado el debate de aspectos fundamentales que nadie quiere tocar.

Es éste el punto que genera mayor coincidencia entre los estudiantes entrevistados: no existe un centro político; es decir, el movimiento estudiantil no ha logrado ponerse de acuerdo sobre los objetivos de la universidad pública, y así la lucha se convierte en un fin en sí mismo y no en un medio para obtener una reivindicación específica.

Aparece además la famosa figura del “estudiante eterno”, totalmente nociva para el concepto de gratuidad de la enseñanza, que respaldamos, pero comprendiendo que esa “gratuidad” es pagada por el Estado, lo que implica que el profesional que egresa lo hace para proyectar los conocimientos aprendidos en la sociedad. Un “estudiante eterno” que goza de servicios universitarios termina siendo un parásito del erario público, por más incendiario que sea su discurso político.

Por ejemplo, una de las banderas de lucha del movimiento estudiantil sanmarquino es el aumento del presupuesto de la universidad pública; tema que, por cierto, respalda el cuestionado rector Izquierdo. Sin embargo, este presupuesto no ha dejado de aumentar desde el 2001 (en el 2007 fue de 274 millones de soles). Ese mismo año, la Universidad Federico Villarreal, que tiene casi la misma población estudiantil, solo recibió un poco más de 150 millones.

¿Cuál es el problema, entonces? ¿Falta de presupuesto o una desigual distribución presupuestaria? ¿Quizá un vacío de asignación de competencias entre los trabajadores de rangos más bajos, lo que hace que cada vez que surja un problema se tiren la pelota entre ellos, de modo que terminan por convertirse en poderes de facto?

Se menosprecia la labor docente, lo que aleja a profesionales capaces que prefieren ir a enseñar a universidades e institutos privados que sí valoran su actividad; y los que se quedan lo hacen por amor a la camiseta, o por el prestigio que sin duda mantiene San Marcos, sobre todo en el extranjero.

Todos estos elementos condicionan al movimiento estudiantil y determinan la dirección de la dinámica política en la Universidad, ya que al tener que jugar con esas condiciones establecidas, se configuran “izquierdas” y “derechas” falsas que terminan anulándose mutuamente, como Sísifo.




Escrito por

Anthony Medina R.

Politólogo, 28 años, docente universitario e investigador en temas de Relaciones Internacionales Latinoamericanas. Blog misceláneo.


Publicado en

MOCHILERO

Política, Mundo, Sociedad y Cultura Pop en el Perú